Valerian y la ciudad de los mil planetas: El quinto elemento del siglo XXI

Valerian y la ciudad de los mil planetas, de Luc Besson era una de las películas que más ganas tenía de ver este año. Esta semana por fin la he visto. Y tras más de un año de espera no he podido quedar más contento.

No recuerdo una experiencia cinematográfica que me divirtiera tanto desde El quinto elemento, del mismo director. Son poco más de dos horas de pura diversión audiovisual.

EuropaCorp
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Crítica y público se han empeñado en compararla con Star Wars y en señalar que Valerian es una copia del mundo creado por George Lucas. Para un servidor, no solo no es una copia de Star Wars, sino que es mucho más y sobre todo, mucho más divertida. Si Valerian tiene un referente claro, además de la novela gráfica en la que se inspira, es El quinto elemento, que nada tiene que ver con el universo de la princesa Leia.

Valerian me atrapó desde el comienzo gracias a su inventiva visual, y cómo esta nos traslada a mil planetas completamente diferentes con criaturas que te enamoran (desde ya quiero un transmutador). El humor absurdo también ayuda a que la película sea un pastelito de ciencia ficción del que tras probarlo seguro que quieres volver a picotear de vez en cuando.

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Que comience con Space Oddity de David Bowie es una forma inmejorable de atraer la atención del espectador. Aunque quizá sea la banda sonora uno de los aspectos más flojos de la película. Y digo flojos porque la música la firma Alexandre Desplats, compositor que admiro desde hace años, y esta obra puede que sea la menos inspirada que ha realizado.

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Uno de los puntos fuertes de la película es la representación del rol femenino. Valerian, pese a no pasar el Test de Bechdel, no deja de tener una representación positiva de la mujer. La protagonista, la sargento Laureline, interpretada por Cara Delavigne, no es una damisela en apuros necesitada de un hombre sino una mujer luchadora y de carácter fuerte. En este sentido, la película se distancia de representaciones negativas como El destino de Júpiter o La huésped. Es lo que algunos autores han llamado una heroína fálica, es decir, mujeres que abandonan su feminidad y dejan de usar las llamadas armas femeninas (la traición, la manipulación, etc.) para usar las armas masculinas (las armas blancas). Aunque más bien sería una heroína post-fálica, si me permitís inventarme el término, ya que no renuncia a su esencia de mujer y ni al uso de las armas masculinas. Ella replica, lucha, rescata y respeta. Y siempre está divina.

Recalco lo de respeta porque en esta película el tema del amor está presente desde el comienzo, pero promueve un amor alejado del tradicionalmente representado en el cine. Es un amor basado en el respeto a los demás. Se agradece que este tema esté presente desde el comienzo y no sea usado de forma tramposa, como ocurre en Interstellar o Arrival.

Otro de los aspectos más destacables de Valerian es el hecho de ser una película que bien podría considerarse pacifista y en la que perdonar es una parte fundamental.

En resumen: Luc Besson nos ha vuelto a entregar un pastelito de ciencia ficción, divertido a más no poder, en el que hasta la secuencia de baile de Rihana te deja con la boca abierta. Es una película cien por cien recomendable si te gusta la ciencia ficción, la fantasía, divertirte y viajar a otros planetas.

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