Saga Los juegos del hambre: machismo interiorizado

Análisis plagado de spoilers de Los juegos del hambre.

“Te vamos a convertir en la revolucionaria mejor vestida de la historia” (Effie Trinket, en Los juegos del hambre: Sinsajo – Parte 1)

Los juegos del hambre era una saga que me producía una mezcla de absoluta curiosidad y de soberana pereza. La idea de la mezclar Battle Royale con Gran hermano puede resultar muy interesante para cualquier fanático de la ciencia ficción. Que esté destinado a un público adolescente hace que te esperes lo peor.

Y así es. Los juegos del hambre pretende ser un ejemplo feminista y un símbolo de libertad, y no es más que otra muestra de sometimiento de las mujeres.

La verdad es que poco bueno tengo que decir de ellas. Son aburridas, repetitivas, les falta acción, son innecesariamente largas. Y lo peor de todo es que el mensaje que deja al final, después de toda la lucha de Katniss, es que solo puedes ser feliz con un hombre al lado y con hijos. Y para colmo, la protagonista acaba con el hombre que la maltrató.

Nos han vendido Los juegos del hambre como una saga revolucionaria a la hora de representar a las mujeres y no deja de ser otra muestra negativa. Se supone que Katniss es una heroína fálica, una mujer que deja de lado su feminidad y el uso de las llamadas armas femeninas (la traición, la manipulación, etc.) para usar las armas masculinas (armas blancas).

En cambio, Katniss lucha pocas veces en las dos primeras películas. En la tercera, la heroína representa únicamente un símbolo político, el sinsajo, con una única escena de acción. En la última, es en la única en la que Katniss toma las armas y se convierte en el personaje que nos han prometido desde el comienzo de la saga.

Pero en el fondo Los juegos del hambre es una saga romántica ambientada en un futuro distópico. En teoría estas películas tratan sobre cómo una adolescente acaba con una dictadura. Sin embargo, siendo muy críticos, la historia gira en torno a la elección de una adolescente entre dos chicos, un acosador y maltratador y un soldado.

Este podría ser el tema secundario, si no fuera porque el tema del amor está muy presente en todas las películas.

(Uno los pocos momentos que disfruté mucho en la película por la potencia de las imágenes. Y ejemplo de cómo Katniss es un personaje pasivo).

La historia no se acaba cuando Katniss cumple su venganza y libera al pueblo. Solo acaba cuando, tras los veinte minutos finales más largos que he visto en mi vida, nuestra heroína encuentra la felicidad en manos del hombre que la maltrató y con el que tiene dos hijos.

Este final destroza toda muestra de avance a la hora de representar roles femeninos. No estoy en contra de los finales felices ni de la maternidad. El problema que veo es que no debemos olvidarnos que Los juegos del hambre está hecha para un público adolescentes. Y este final te grita a la cara que puedes tener aventuras, ser una heroína, liberar a un pueblo, pero nunca serás feliz hasta que te cases y tengas hijos, y si te casas con la persona que te ha pegado, mejor.

En mi opinión, creo que habría sido un final mucho más épico y emocionante el momento en que Katniss debería haber matado al dictador. Y no ver la agonía de una mujer sola porque no tiene a un hombre a su lado. Digo «debería» porque al final ella mata a la Presidenta y no al Presidente.

Y he aquí otro punto negativo, ella mata a una mujer, no mata al hombre que ha sometido a su pueblo. ¿Por qué ella no puede matar  al malo malísimo?

En resumen: Los juegos del hambre es una saga de películas cuyas duraciones son excesivas, aburridas, y faltas de acción. Las dos primeras entregas dedican la mayor parte del metraje a mostrar a Katniss vestida con modelitos. E incluso en un momento de la segunda parte le dicen «calla, que eres mujer». Si eso no es machismo, decidme entonces qué es.

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